Los Omega 3 son ácidos grasos de cadena larga e incluyen EPA y DHA. Son componentes
claves de las membranas celulares y, como tales, influyen en su fluidez.
El cerebro y los ojos presentan una elevada concentración de ácidos grasos omega-3.
Niveles muy altos de DHA se encuentran presentes en la retina, donde se supone que el
DHA contribuye a la estabilidad y a la función de la rodopsina, un componente proteico
de los bastones de la retina que permiten la visión en blanco y negro.
Además, aunque los mecanismos de acción todavía no se han aclarado perfectamente,
algunos estudios sostienen que el DHA participa en el desarrollo cerebral normal pre y
postnatal. Por ejemplo, el DHA es el principal sustrato para la síntesis de fosfatidilserina (PS),
un fosfolípido especialmente presente a nivel de las membranas de las células nerviosas y
cuya concentración se puede alterar de acuerdo con el estado del DHA en la membrana.
Altos niveles de DHA en los ganglios de la base, corteza pre y postcentral, hipocampo
y tálamo de babuinos y ratas, sugiriendo que estos ácidos grasos podrían contribuir de
forma positiva sobre la memoria.
El correcto desarrollo del feto y del recién nacido depende principalmente de ácidos grasos
poliinsaturados de larga cadena procedentes de la leche materna o de suplementos, a
pesar de que tienen la capacidad de sintetizar directamente EPA y DHA